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Shirin Ebadi (Hamadan, Irán, 1947)

Más que feminista, esta mujer es, por encima de todo, una firme defensora de los Derechos Humanos. Fue la primera musulmana que recibió el Nobel de la Paz, en 2003, por su lucha como abogada por los derechos de las mujeres y los niños en Irán, además de una de las primeras mujeres jueces en su país.

Aunque se licenció en Derecho en la Universidad de Teherán y llegó a juez, no se le permitió seguir ejerciendo tras la revolución iraní de 1979 por el hecho ser mujer y, por tanto, “demasiado emotiva”. Trabajadora incansable, fundó la Asociación de Defensa de los Derechos de la Infancia y el Centro de Defensores de los Derechos humanos, este último cerrado por la policía iraní en 2008.

Por otro lado, Ebadi destacó por defender a las personas perseguidas por su ideología en Irán con el objetivo de preservar la democracia y la justicia. El hecho de ser tan crítica con el sistema judicial iraní y defender causas controvertidas con el país la ha llevado a sufrir amenazas, persecuciones, épocas en prisión y embargos de algunas de sus propiedades, incluidos algunos de sus galardones.

Shirin Ebadi es una de las musulmanas más importantes que reivindican otra lectura de la sharia. De hecho, denuncia que la interpretación imperante de la ley islámica fomenta la violación de los Derechos Humanos y la desigualdad de género. Es especialmente crítica con la desigualdad salarial en Irán y de un Código Penal que considera arcaico por recoger penas como la lapidación y la ley del dîyeh (o derecho de sangre derramada), por lo que no duda en afirmar que el Código Penal iraní incluye leyes contrarias al islam.

“Si los derechos humanos no son respetados en algunos países musulmanes, es a causa de que cierta gente está realizando una interpretación completamente errónea de las leyes del islam”

Shirin Ebadi.

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zaman illüstrasyon¿Existe el feminismo islámico? La respuesta que nos da Google es un no categórico, al menos en sus primeros resultados. No obstante, si profundizamos un poco en el tema descubriremos fácilmente que feminismo islámico no es otra cosa que feminismo a secas, es decir, la lucha por la igualdad. El único punto que diferencia el feminismo del feminismo islámico no es otro que la religión musulmana, de la cual estas feministas rechazan desprenderse porque no la ven en absoluto incompatible con la reivindicación de la igualdad de género. Para alcanzarla, las feministas islámicas ponen el foco en la educación e insisten en la necesaria reinterpretación de un Corán que, para ellas, está sometido a una lectura patriarcal que no se corresponde con lo que en él se expone.

Tal como sostiene Asma Lambaret (hematóloga y directora del Centro de Estudios Femeninos e Islam en Rabat) el velo islámico sólo se menciona una vez en el libro sagrado, haciendo referencia a ambos sexos y no como una imposición, sino como una sugerencia espiritual. Sin embargo, hoy el velo se ha convertido en un símbolo de gran controversia entre la opresión y la libertad en torno a la mujer musulmana. Como Lambaret, hay decenas de escritoras, profesoras, abogadas e intelectuales, entre otras, que reivindican el feminismo islámico y que escriben a menudo sobre él, como la abogada iraní y Premio Nobel de la Paz Shirin Ebadi o la escritora y docente Leila Ahmed. Precisamente Ahmed sostiene una interesante teoría sobre el uso del velo islámico en Estados Unidos y Europa, interpretándolo como un símbolo de orgullo y de reivindicación de las musulmanas que reclaman ser aceptadas tal y como son, y no por ello ser consideradas menos occidentales. Puede parecer sorprendente, pero en prácticamente todos los países hay mujeres musulmanas y feministas, incluidos los occidentales, que reivindican la igualdad de género.

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