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Las revueltas árabes cambiaron el escenario social (y después cambiarían el político) de países como Túnez, Egipto o Yemen. Las mujeres árabes, que siempre habían ocupado un papel secundario bajo el silencio y el dominio masculino, demostraron al mundo durante aquellos meses de 2011 que también tenían voz y que estaban organizadas en diversos movimientos, feministas inclusive. Pero también tuvieron que pagar el precio de hacerse visibles, por lo que sufrieron violencia de todo tipo, incluida la sexual, episodios de acoso, discriminación y amenazas de muerte.

A pesar de haber sido educadas en la sumisión al hombre -especialmente en países como Libia, Arabia Saudí y Yemen-, las mujeres árabes tenían sus referentes de lucha, como Huda Shaarawi en Egipto, que contribuyeron enormemente al acceso de las mujeres a la educación. Hasta el estallido de la denominada Primavera Árabe no se les había visto participar en política ni en movimientos sociales, básicamente porque no les estaba permitido; y llegado el momento, más allá de salir a la calle a protestar contra sus dictadores, ellas se atrevieron a reivindicar sus derechos como mujeres. En Túnez, la bloguera Lina Ben Mhenni fue pionera en informar al mundo sobre lo que estaba pasando en su país. Su protagonismo durante las revueltas árabes fue tal que hasta el Premio Nobel de la Paz de 2011 le fue otorgado a la líder activista yemení Tawakkul Karman, precisamente porque Yemen es un país muy atrasado y especialmente opresor con la libertad de expresión de las mujeres. Karman, por cierto, es la presidenta de la organización Mujeres Periodistas Sin Cadenas.

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zaman illüstrasyon¿Existe el feminismo islámico? La respuesta que nos da Google es un no categórico, al menos en sus primeros resultados. No obstante, si profundizamos un poco en el tema descubriremos fácilmente que feminismo islámico no es otra cosa que feminismo a secas, es decir, la lucha por la igualdad. El único punto que diferencia el feminismo del feminismo islámico no es otro que la religión musulmana, de la cual estas feministas rechazan desprenderse porque no la ven en absoluto incompatible con la reivindicación de la igualdad de género. Para alcanzarla, las feministas islámicas ponen el foco en la educación e insisten en la necesaria reinterpretación de un Corán que, para ellas, está sometido a una lectura patriarcal que no se corresponde con lo que en él se expone.

Tal como sostiene Asma Lambaret (hematóloga y directora del Centro de Estudios Femeninos e Islam en Rabat) el velo islámico sólo se menciona una vez en el libro sagrado, haciendo referencia a ambos sexos y no como una imposición, sino como una sugerencia espiritual. Sin embargo, hoy el velo se ha convertido en un símbolo de gran controversia entre la opresión y la libertad en torno a la mujer musulmana. Como Lambaret, hay decenas de escritoras, profesoras, abogadas e intelectuales, entre otras, que reivindican el feminismo islámico y que escriben a menudo sobre él, como la abogada iraní y Premio Nobel de la Paz Shirin Ebadi o la escritora y docente Leila Ahmed. Precisamente Ahmed sostiene una interesante teoría sobre el uso del velo islámico en Estados Unidos y Europa, interpretándolo como un símbolo de orgullo y de reivindicación de las musulmanas que reclaman ser aceptadas tal y como son, y no por ello ser consideradas menos occidentales. Puede parecer sorprendente, pero en prácticamente todos los países hay mujeres musulmanas y feministas, incluidos los occidentales, que reivindican la igualdad de género.

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